Leer para ser otro

Estoy en medio de una clase, una de esas sesiones que no parecen prometer nada extraordinario. Sin embargo, cuando entramos en la dinámica de aquel encuentro entre almas jóvenes y expectantes, aparecen caminos inesperados de conexión. Hablamos de comprensión lectora, de cómo atravesar el océano infinito de información que nos rodea para encontrar un recodo de profundidad. De aprender a mirar más allá de lo obvio, de no quedarnos en el sonido de las palabras ni en la danza de las letras, sino de descubrir aquello que nos revelan sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Para acompañarnos en ese viaje, elijo la voz de Mario Mendoza en su libro Leer es resistir. En sus páginas, el escritor cuenta cómo fue construyendo una conexión profunda con el lenguaje, los libros y la literatura. Mendoza se reconoce como un mutante solitario: alguien que es y deja de ser cuando se adentra en las historias, habita personajes insólitos y luego se desprende de ellos para comenzar otra aventura. Esa metamorfosis tiene raíces en su infancia, cuando encontró en los libros una forma de tomar distancia del mundo de los adultos y acercarse a héroes capaces de entregar la vida por causas justas.

A los siete años, una enfermedad grave lo enfrentó a la posibilidad de un futuro incierto. En medio de esa prueba, la imaginación y la literatura le ofrecieron refugio, compañía y otras maneras de permanecer. Con los libros llegaron seres fantásticos, lugares inexistentes y personajes que, poco a poco, también le permitieron imaginar quién quería ser. Mientras escuchamos esta historia en el aula, pienso que quizá allí reside una de las posibilidades más hondas de la lectura: permitirnos vivir otras vidas sin abandonar la propia. Entrar en una historia es asomarnos a miedos, esperanzas y heridas que no siempre son nuestras, pero que nos ayudan a comprender a quienes las llevan.

Leer no nos hace automáticamente mejores personas. No basta con recorrer bibliotecas ni acumular páginas. Pero leer de verdad, dejarnos interpelar por una historia, aceptar que otro mire el mundo de manera distinta, puede volvernos menos indiferentes, más sensibles, más capaces de escuchar. Por eso, tal vez no deberíamos acercarnos a los libros únicamente porque hay que leer, porque lo exige una clase o porque comprender un texto es una competencia que debemos demostrar. Podemos acercarnos porque necesitamos comprender mejor la vida, reconocer al otro y descubrir, en cada historia, una posibilidad distinta de ser.

Quizá leer sea eso: no cumplir un deber, sino abrir una puerta para llegar a ser alguien que todavía no conocíamos.

María Ximena Mantilla

Las opiniones, comentarios y escritos publicados en esta página web son responsabilidad exclusiva de sus autores. No reflejan necesariamente la posición, visión o valores de la Fundación Participar. La Fundación respeta la diversidad de ideas y promueve el libre intercambio de pensamientos, pero no se hace responsable por los contenidos emitidos por terceros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *