Bucaramanga merece un mejor futuro

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Bucaramanga llega a diciembre con el pulso acelerado. En menos de cinco semanas los ciudadanos volverán a las urnas para elegir un nuevo alcalde, luego de que la elección anterior fuera anulada por doble militancia. Ocho candidatos, múltiples partidos y una campaña exprés que pondrá a prueba no solo la estrategia política, sino la madurez cívica de una ciudad cansada de promesas incumplidas.

Bucaramanga no necesita improvisaciones. Lo que reclama, con urgencia, es gobierno. Mientras los aspirantes afinan sus discursos, las calles siguen siendo territorio del miedo: atracos, extorsiones, sicariato. La inseguridad se ha vuelto parte del paisaje urbano, y con ella, crece la desconfianza en las instituciones. La próxima administración deberá entender que la seguridad, si bien necesita mano firme, no se construye con cámaras y patrullas solamente, sino con oportunidades y presencia estatal donde hoy solo hay abandono.

El transporte, por su parte, se encuentra en ruinas. La quiebra del sistema masivo dejó a la ciudad sin un eje de movilidad y sin una alternativa digna para sus habitantes. En su lugar, prosperó la informalidad, con miles de motos y vehículos “piratas” que hoy llenan el vacío. Es un síntoma más de la desconexión entre los planes técnicos y la realidad cotidiana.

A ello se suma la crisis ambiental: las quebradas que antes dieron vida a la ciudad hoy arrastran contaminación; la planta de tratamiento de aguas residuales sigue siendo un proyecto fantasma, y el acueducto requiere expansión urgente de su red de distribución. Todo esto en un departamento que, para colmo, fue ignorado en el último CONPES de infraestructura. La exclusión de Santander no puede seguir siendo una anécdota repetida cada cuatro años.

El próximo alcalde gobernará apenas dos años, pero ese tiempo puede bastar para recuperar la esperanza si hay claridad de propósito. Lo esencial no será inaugurar obras, sino restaurar la confianza: en la gestión pública, en la palabra dada y en la capacidad de construir con los otros municipios del área metropolitana. Es crucial que el alcalde y el gobernador trabajen de la mano para avanzar en coherencia y visión compartida como lo hacen Antioquia y Atlántico con excelentes resultados.

Por eso, este llamado es a los partidos. Bucaramanga no puede seguir atrapada en la lógica del poder por el poder. En estas elecciones no se juega un resultado electoral, sino el futuro de una ciudad que alguna vez fue ejemplo de civismo y hoy busca reencontrarse consigo misma.

Es hora de que los líderes políticos pongan a los bumangueses por encima de sus intereses. Porque el verdadero triunfo no será de un partido, sino de la ciudad si logra tener un gobierno que planifique y la proyecte pensando en las futuras generaciones.

Martha Elena Pinto de De Hart

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