El cañón del Chicamocha: una ventana natural a nuestro pasado remoto

Cada roca terrestre, por insignificante que parezca, guarda una historia fascinante sobre algunos episodios del pasado remoto de nuestra casa común. Ahora bien, si consideramos la diversidad de rocas aflorantes en el cañón del Chicamocha, entonces podemos establecer un justo símil entre esa diversidad y una gran biblioteca natural, en la cual reposa una valiosa información sobre la historia de nuestro dinámico planeta. ¿Y qué importancia tiene esto para las comunidades del territorio? De todas las posibles respuestas, destacaría la siguiente: <<conocer el entorno donde vivimos, permite tomar consciencia de nuestras ventajas y peligros, por tanto, ayuda a configurar una mejor gestión del territorio>>.

Una serie de columnas de opinión publicadas por esta misma casa editorial (por ejemplo, en diciembre 10 de 2025 y enero 21 de 2026), guiadas por la idea antes citada, hacen mención a las marcas fosilizadas que, en el paisaje actual del cañón, perduran como testigos de los turbulentos amaneceres de los mundos Cretácico (~135 millones de años de antigüedad) y Jurásico (~200 millones de años de antigüedad), respectivamente. En esta oportunidad, para continuar conociendo el cañón, profundizaremos nuestra mirada en su pasado aún más remoto, es decir, escrutaremos sus rocas del inicio del mundo Ordovícico (~480 millones de años antigüedad), las cuales han sido catalogadas por los geólogos como <<rocas metamórficas>>.

Observadas por la vía principal que comunica Pescadero (Piedecuesta) y Aratoca, entre otras varias áreas del cañón, las rocas metamórficas citadas se reconocen por la reorientación de sus minerales, lo cual permite la formación de texturas laminares y bandeadas, semejantes al laminado de un postre de milhojas. La abundancia local de algunos de sus granos minerales (p.ej.: mica y cuarzo), favorece la formación de un brillo centelleante en sus superficies. Estas rocas son el resultado de la transformación de rocas preexistentes, debido a la temperatura y presión alcanzadas en profundidad, coincidiendo con la formación de una extensa cordillera que se erigió hace unos 480 millones de años, cuyos remanentes se reconocen actualmente en diferentes regiones de Sudamérica. En este sentido, a estas rocas podemos considerarlas raíces de ese antiguo sistema montañoso desvanecido del Ordovícico.

Las huellas que dejaron sus transformaciones en profundidad, también nos permite explorar los abismos de la corteza terrestre, gracias a que algunas de sus variedades lograron sumergirse unos 25 km, alcanzando temperaturas en torno a 750 grados Celsius. Hoy, estas rocas se exponen a nuestra mirada, a ras de la superficie (atemperadas), dejándonos ver su compleja historia evolutiva, lo cual nos ayuda a contemplar y comprender mejor la importancia de nuestro grandioso paisaje del Cañón del Chicamocha.

Luis Carlos Mantilla Figueroa

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