Viendo una presentación de Bernardo Souvirón, escritor y profesor de griego, me enteré de que la palabra Agón, tiene la connotación de lucha, enfrentamiento, conflicto. Aunque en la actualidad el vocablo poco se conoce, su raíz se emplea en las palabras agonía y agonizar, como referencia a la lucha final entre la vida y la muerte. En textos especializados la encontramos relacionada con una sociedad agonística, reflejando que nuestra cultura en occidente ve la polaridad como extremos en competencia, en conflicto, en lucha permanente hasta la agonía de uno de sus polos. La luz y la oscuridad, lo blanco y lo negro, el cielo y la tierra, el bien y el mal, la izquierda y la derecha, lo masculino y lo femenino y así de manera infinita, han sido percibidos como extremos que se niegan, a diferencia del pensamiento oriental resumido en el Yin y el Yang.
Nuestra cotidianidad se nutre de lo agonístico, de la competencia y el conflicto. Sin embargo, personajes como Habermas, Arendt, Rawls y Bobbio ven la visión agonística como un obstáculo a los acuerdos que pudieran lograrse mediante la persuasión. Estos autores están de acuerdo con analizar los conflictos desde múltiples perspectivas basadas en principios racionales y universales y gestionarlos sin eliminar la diversidad. En general, no aceptan al conflicto como una parte constitutiva de la política.
El modelo agonístico predominante en occidente se caracteriza por la competencia, el individualismo, el conflicto con poderes asimétricos y búsqueda de la agonía del contrario que explica la historia de los más recientes imperios. El politólogo Allison acuñó el concepto de la trampa de Tucídides para describir el riesgo de conflicto entre una potencia emergente-China- y una en declive- Estados Unidos- dada la competencia militar, económica, cultural, en un contexto de desconfianza mutua.
China fundamentó su resurgimiento como potencia, después de lo que llamaron el siglo de la humillación, en los valores de Lao Tse, Confucio y Sun Yat-sen, que privilegian la persuasión, la diplomacia, el bien común y el acuerdo; en consecuencia, ese ha sido su actuar contemporáneo. Para oriente, las fuerzas opuestas no son contradictorios sino complementarias, interdependientes, en cambio continuo y equilibrio dinámico, con la potencialidad de transformarse el uno en el otro. El Yin y el Yang es la representación de este concepto que espero evite una guerra sin vencedores en esta coyuntura de la historia
PS: El repudiable asesinato del senador Uribe Turbay es un reflejo más de una tendencia fascista que se nutre de la frustración y la visión agonística de las clases medias, concepto que bien caracterizó Umberto Eco.
Jaime Calderón Herrera
