El agua nos une

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En afortunada tertulia convocada por la Fundación Participar, con el objetivo de reflexionar sobre el ordenamiento territorial y la organización político-administrativa de Bucaramanga y su entorno metropolitano, planteé que, para hacer posible la adopción de formas de integración efectivas, necesitamos metas compartidas que conciten voluntades y exijan decisiones estratégicas conjuntas entre los municipios.

La idea de conformar un distrito que agrupe a Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta aparece con frecuencia en el debate regional. Sin embargo, ha tropezado una y otra vez con factores identitarios, tensiones políticas y el lastre de fallidos intentos de armonización metropolitana. El caso de Metrolínea es el más elocuente: un sistema que nació sin una proyección sostenible, con operación deficiente, y que terminó arrinconado por los intereses particulares y la indiferencia de las administraciones locales.

Mientras se dan los pasos legales, por cierto muy dispendiosos, para viabilizar el posible distrito metropolitano, lo que sí resulta impostergable es avanzar en procesos de integración funcional. El desorden, la ausencia de planificación y la dispersión institucional comprometen nuestro desarrollo y deterioran la calidad de vida de millones de ciudadanos.

Uno de esos propósitos comunes debería ser el cuidado y gestión del agua. Nos une la necesidad de proteger nuestros páramos, preservar las fuentes hídricas, erradicar el uso inadecuado del recurso, controlar la expansión urbana sobre zonas sensibles y garantizar el tratamiento de las aguas residuales. Nos abastecemos de los ecosistemas de El Almorzadero y Santurbán, y vertemos nuestras aguas al Magdalena Medio santandereano, que alimenta la arteria fluvial más importante del país.

En este contexto, acontecimientos recientes deben convertirse en catalizadores de acción. Me refiero al Pacto Territorial por el Agua, promovido por los gobernadores de Santander y Norte de Santander y respaldado por las instituciones que tienen en el agua su razón de ser; y al fallo del Tribunal Administrativo de Santander que reconoce al páramo de Santurbán como sujeto de derechos, lo que obliga a su protección y restauración integral.

“Hechos son amores y no buenas razones”. Asegurar el suministro de agua para hoy y el futuro requiere decisiones firmes y concertadas. Plantas de tratamiento para el 100 % de las aguas servidas, planificación urbana coherente y un revitalizado sentimiento regional basado en el bien común.

Porque la verdadera integración no nace de normas y declaraciones de buena voluntad; se construye desde el compromiso colectivo con aquello que nos da vida, nos hermana y nos exige actuar con responsabilidad. Y pocas causas tan urgentes, tan justas y tan poderosas como la defensa del agua. Cuidarla no es opción, es mandato superior.

Álvaro Beltrán Pinzón

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