El Cretácico es un periodo de la era Mesozoica, cuyo amanecer se remonta a unos 143 millones de años de antigüedad, y su crepúsculo a los 66 millones de años. Es decir, el mundo Cretácico se prolongó unos 77 millones de años. En nuestro territorio, los vestigios de ese amanecer están dispersos por nuestra geografía a diferentes altitudes. Por ejemplo, los observamos en El Picacho (Floridablanca), a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar (en adelante m.s.n.m.); en el Cerro de las Cruces (Aratoca), a casi 2.400 m.s.n.m.; en la Mesa de San Pedro (Aratoca), a unos 2,200 m.s.n.m.; y en el sector de las Juntas (límites de los municipios de Los Santos, Zapatoca y Villanueva), a unos 640 m.s.n.m., coincidiendo con la confluencia entre los ríos Suarez y Chicamocha, y la formación del río Sogamoso.
La información geológica contenida en esos remanentes del amanecer Cretácico, evidencia que sus paisajes tenían un aspecto muy diferente, en comparación con los paisajes actuales. Para facilitar una imagen gráfica de ese paisaje del amanecer Cretácico, podemos recrear en nuestra mente el aspecto de una planicie aluvial (un estuario), la cual, progresivamente fue quedando sumergida bajo las aguas cálidas y poco profundas del mar Cretácico (debido a la elevación del nivel del mar). Este último, formaba una rama del entonces naciente océano del Atlántico Norte. La razón por la cual esos remanentes de los albores del mundo Cretácico, actualmente se encuentran segmentados espacialmente a diferentes alturas, se debe principalmente a que la cadena montañosa de los Andes septentrionales se formó relativamente hace poco (hace unos 12 millones de años, durante la orogenia andina), contribuyendo esto con su dispersión, deformación y progresivo desmantelamiento por erosión, entre otros procesos geológicos.
Un recorrido por el Cañón del Chicamocha, desde Pescadero (Piedecuesta) a Aratoca, permite reconocer fácilmente esos retazos del mundo Cretácico, debido a que forman unos salientes topográficos en formas de mesas, las cuales se extienden casi horizontalmente, tal como observamos al dirigir nuestra mirada hacia las mesas de Los Santos y San Pedro (ambas separadas por el río Chicamocha), y hacia una porción menor de estos remanentes (próxima a ser totalmente erosionada), localizada en el Cerro de las Cruces (en relativa proximidad a Aratoca).
Los múltiples escenarios naturales y culturales del Cañón del Chicamocha, su particular historia, ofrecen diversas oportunidades para el turismo, la educación y la investigación, entre muchas otras actividades. No obstante, esto exige un gran compromiso con su conservación, estimulado mediante una efectiva apropiación social del conocimiento sobre este grandioso y promisorio territorio.
Luis Carlos Mantilla Figueroa en colaboración con German David Patarroyo.

LUIS CARLOS….un ejercicio pedagógico interesante con esta valiosa información que usted nos muestra de nuestro principal patrimonio natural que tenemos en Santander y que sirve a miles para incentivar la apreciación y admiración por esta maravilla única, pero que hay que hay estudiarla más para entenderla su real magnitud e importamcia y poder la disfrutar muy por encima de la sola contemplación del paisaje.