Desde cualquier sector de la comunidad resulta apenas elemental reconocer la importancia de los procesos electorales que nos ofrece la democracia. Esto resulta crítico en la actual coyuntura, después de lo que hemos vivido en los últimos cuatro años en términos de confrontaciones permanentes, polarización creciente y zozobra en el día a día de la actividad ciudadana.
Pero acá no pretendo hacer un balance de causas ni atribuir responsabilidades, ya que sobre este período 2022-2026 se ha opinado, analizado y debatido varias veces en foros, reuniones y en distintos medios de comunicación.
Lo que sí quiero es llamar la atención acerca de la participación en general -no sólo de los políticos- en las cruciales decisiones que adoptaremos el próximo domingo 8 de marzo, el 31 de mayo y, muy probablemente, el 21 de junio de 2026.
Se escogerán, en su orden: el 8 de marzo los candidatos de consultas entre partidos que irán a la primera vuelta presidencial; además los senadores y representantes a la cámara que conformarán el legislativo hasta el año 2030. El 31 de mayo votaremos en primera vuelta para la escogencia de Presidente de la República entre los candidatos que en la consulta obtuvieron el primer lugar y todos aquellos que se inscribieron como candidatos a la presidencia. Y el 21 de junio, si en la elección de la primera vuelta ninguno de los candidatos obtuvo la mayoría necesaria, votaremos en segunda vuelta entre los dos candidatos finales.
O sea que, en los próximos 106 días los colombianos elegiremos, nada más ni nada menos, a quien ha de ser la cabeza del ejecutivo y su vicepresidente en nuestro país, así como a los senadores y representantes que conformarán el legislativo hasta el año 2030. Es decir, quienes tendrán la responsabilidad de dirigir esas dos de las tres ramas del poder público en Colombia.
Es entonces el momento de mayor compromiso con relación al deber de “participar en la vida política del país” que nos impone la Constitución y, al mismo tiempo, la oportunidad excepcional de reflexionar acerca de quienes ejercerán ese poder en nuestro nombre.
En estos últimos días debemos dedicar todo el tiempo posible para oír a los aspirantes, intercambiar con familiares y amigos puntos de vista sobre las alternativas de escogencia, analizar los antecedentes personales y profesionales de los candidatos, sus ejecutorias, así como sus propuestas realizables para poder votar a conciencia.
También es nuestro deber motivar a la comunidad a asistir a los sitios de votación, con un voto informado, sin distraernos en agresiones y enfrentamientos y escoger de esta manera a quienes consideremos las opciones más idóneas para el ejercicio del verdadero servicio público.
Actuemos y asumamos con entusiasmo esta cita con la democracia.
Cecilia Reyes de León
