Los frenéticos albores del mundo Jurásico: sus huellas en el Cañón del Chicamocha

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El Jurásico es un periodo de la era Mesozoica, el cual hace parte de las divisiones del tiempo de la historia geológica de nuestro planeta. Su inicio se remonta a unos 201 millones de años de antigüedad y su final a 143 millones de años, es decir, fue un periodo que se prolongó unos 58 millones de años. El mundo Jurásico ha sido muy mediático, entre otras razones, debido a las diversas producciones cinematográficas, en donde los dinosaurios han sido el centro de sus tramas.

Enfocándonos en los albores del mundo Jurásico, concretamente en los vestigios de ese tiempo, dispersos por el cañón del Chicamocha, destacan las rocas de color rosado-salmón observadas por el sector de Pescadero (Piedecuesta), las cuales también reconocemos en la parte baja del frente montañoso, casi desnudo de vegetación, observado al este del área donde se localiza el parque nacional del Chicamocha (por la vía principal Bucaramanga-Aratoca). En ese frente, las rocas mencionadas forman una franja del mismo color, propagada en dirección aproximada norte-sur, la cual se acompaña de otra franja adyacente de rocas de tonalidades blanco-grisáceas. Estas franjas de rocas se componen de ‘Granitos’: un tipo de roca que los geólogos agrupan dentro de una jerarquía mayor denominada ‘rocas ígneas plutónicas’. Estos vestigios rocosos nos permiten concluir que, durante el amanecer del mundo Jurásico, esta región estaba siendo inyectada, en profundidad, por oleadas de magma ascendente (fundidos a temperaturas en torno a 800 grados Celsius). La inyección de esas oleadas de roca fundida, formaron ‘cámaras magmáticas’ en esta parte de la corteza terrestre, las cuales conectaban, a su vez, con volcanes en superficie (actualmente erosionados). En la acepción actual, se considera que esos antiguos volcanes debieron ser muy explosivos y formar paisajes escabrosos. La presencia de materiales rocosos afines (denominados ‘piroclásticos’), observados también en diferentes sectores del cañón, indican que esos eventos volcánicos explosivos debieron impregnar el ambiente de gases tóxicos y nubes polvorientas y calientes, generando condiciones muy nocivas para la vida que pudo haber medrado en esos parajes del pasado. Todas esas huellas refuerzan la noción sobre un ambiente frenético durante los albores del mundo Jurásico.

La historia geológica de nuestro grandioso cañón del Chicamocha, nos muestra un pasado con paisajes muy diferentes al actual, sustituidos progresivamente con el paso del tiempo, como resultado de la dinámica de nuestro paradisiaco planeta. Por esta razón, toda esta región tiene un gran interés científico, educativo y estético, al igual que un gran valor como catalizador de nuevas dinámicas económicas, sostenibles y auspiciosas para sus comunidades y el territorio en general.

Luis Carlos Mantilla Figueroa

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