En mis últimas columnas he invitado a los santandereanos a SACUDIRNOS y pellizcarnos, en el sentido y contexto que dado el total abandono en que el INVÍAS tiene a nuestras vías nacionales y a que, en el presupuesto nacional del 2026, nos ninguniaron y estigmatizaron, era necesario llamar la atención, salir de la actitud pasiva y protestar pacíficamente para manifestarle al gobierno Petro y a la mayoría de nuestros arrodillados y enmermelados parlamentarios que Santander merece respeto.
Por coincidencia con mis escritos, los transportadores, los campesinos y líderes comunales vinculados al transporte y a la mayoría de municipios por los que pasa la vía nacional 045 (Bucaramanga – Floridablanca – Piedecuesta – Aratoca – San Gil – Socorro – Oiba – Suaita – Confines – Barbosa – Puente Nacional – Zipaquirá), ubicados en las cercanías de los cinco peajes que hay entre Zipaquirá y Bucaramanga, “levantaron la vara” de los peajes. Es decir que circulan los vehículos sin pagar los peajes.
Si bien soy defensor de la institucionalidad y me preocupa que se utilicen las vías de hecho, aunque pacíficamente, de “levantar la vara” y que no se paguen los peajes, el dilema surge cuando refiriéndose a las vías de Santander no concesionadas y a los peajes, se afirma en el documento Infraestructura de Fondo de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) lo siguiente: “…tan solo el 15.5% de lo recaudado permanece en el departamento”. Y luego precisa que la proyección del recaudo anual de los cinco peajes es de $115.442 millones. Si se agrega que la carretera día a día está más destrozada y se producen más accidentes con muertos, causados por los huecos, me pregunto: ¿Cómo no protestar? ¿Cómo no decir nada? ¿Cómo no levantar la vara? ¿Cómo no reclamarles a nuestros supuestos representantes en el Congreso que intervengan?
Si a lo expuesto, se adiciona que el convenio que la anterior ministra celebró en Curití con el Gobernador para la entrega de los cinco peajes al departamento, la actual ministra no lo formalizará por orden presidencial y que , en el presupuesto de 2026, para las obras de los terceros carriles y dobles calzadas (ya diseñadas) entre Bucaramanga y Zipaquirá no le asignaron un peso, termina uno celebrando y apoyando la protesta.
Nuestra triste realidad, bien lo describía el alcalde de un pueblo vecino a un peaje, manifestaba que en otros departamentos la reclamación y discusión gira sobre si lo que se debe construir es un túnel, un viaducto o una doble calzada, en Santander la discusión y solicitud se limita a pedir que tapen los huecos, cuándo se hacen parcheos y cuándo nos ponen señalización. ¿Qué tal ah?
Santandereanos, ¿en dónde se quedó enredada la verraquera de nuestra tierra? Sacudámonos… QUEDAMOS EXPECTANTES.
Alberto Montoya Puyana
