Cartagena musical

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Para celebrar los veinte años del Cartagena Festival de Música, la organización propuso un recorrido a través del tiempo, desde las creaciones de los compositores que sentaron las bases de la música occidental —Bach, Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert—, para dar paso a autores que incorporaron tradiciones nacionales —Chopin, Smetana, Dvořák, Grieg, Sibelius y Manuel de Falla— y nuevas expresiones.

El formato adoptado es afortunado y bien concebido. A la conferencia matutina del músico Giovanni Betti, orientada a aproximar al público a las obras que se interpretarán durante el día, le suceden los recitales de solistas y conjuntos de cámara, para culminar con una función de gala a cargo de la agrupación residente, que en esta edición fue la Orquesta de Cámara Franz Liszt de Hungría, dirigida por István Várdai, en un ejercicio que conjuga pedagogía, disfrute estético y rigor musical.

El repertorio —a nuestro juicio, concebido para el brillo de los intérpretes del violín— aseguró el éxito del festival a partir del concierto inaugural. El joven alemán Simon Zhu cautivó al público con los primeros compases de la Romanza del compositor sueco Johan Svendsen, y posteriormente afrontó con solvencia los exigentes Concierto n.º 1 y Capricho n.º 24 de Niccolò Paganini, dejando clara su madurez técnica y musical. Con apenas 24 años y ya distinguido con importantes premios en Europa, Zhu declaró que aspira a conquistar América, propósito que refrendó en otras dos presentaciones con obras de Bach, Händel y Tartini. La preponderancia de este instrumento se vio confirmada con la intervención del consagrado maestro ruso Maxim Vengerov, acompañado por la pianista kazajistana Evgenia Startseva. En sus recitales interpretaron obras de Shostakovich, Tchaikovsky y Brahms, mereciendo prolongadas ovaciones del público, correspondidas con generosos bis.

La afortunada exhibición de las imágenes que han servido de identidad a cada una de las veinte ediciones, en el renovado Museo de Arte Moderno de Cartagena, presidido por el bumangués Miguel Acevedo, permitió refrendar la relación entre música y artes plásticas.

Además de la alta calidad interpretativa de más de trescientos artistas, merece subrayarse el aliento social que anima esta iniciativa. La Fundación Salvi, en cuya junta directiva participa el guadalupano Marco Franco, respalda a jóvenes promesas. Junto con los conciertos gratuitos, los talleres de lutería y las clases magistrales, ha consolidado un arraigo que se proyecta hacia el futuro, ahora bajo la dirección artística del pianista y destacado productor musical cucuteño Julio Reyes Copello.

Gracias a la iniciativa, la entrega y la filantropía de Julia Salvi, Cartagena cuenta hoy con un festival musical de importancia mundial, que enriquece su vida cultural y refuerza la vocación turística que la distingue.

Álvaro Beltrán Pinzón

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