Infraestructura, empleo, productividad, en general el desarrollo económico, es importante, pero lo es más el ciudadano y su comportamiento, que se basa en el respeto a las instituciones. La sensación que tenemos es que ese respeto está deteriorado y muy poco hacen quienes las manejan, para recuperar su dignidad. Escándalos, corrupción, mentiras y engaños afectan la institucionalidad y al no existir propósitos comunes de sociedad, los acuerdos sobre lo fundamental, no se va recuperar el rumbo. Desde la Fundación Participar consideramos que rescatar la institucionalidad debe ser un propósito nacional, sin distingos de partido, regiones, nivel cultural o ingresos, porque es un hecho que nos está perjudicando gravemente como sociedad.
La mayoría de los colombianos son buenos ciudadanos, diariamente se esfuerzan buscando un país mejor, pero somos tolerantes con quienes contravienen el marco legal, normas de comportamiento, acatamiento a la justicia y optan por la ilegalidad, la informalidad y las vías de hecho, no los rechazamos y hasta votamos por ellos. Aunque no es la única razón, el comportamiento hostil, irrespetuoso y poco solidario, lo ha incrementado la migración, acelerada e improvisada, que no dio tiempo a los foráneos para adecuarse al comportamiento tradicional de cada región y hoy la sociedad ha llegado a niveles peligrosos de convivencia.
La mejor manera es preguntarnos, cuánto participamos y respetamos las instituciones inmediatas, como nuestro hogar, vecinos y trabajo, qué hacemos por la calidad y seguridad del espacio público, el respeto y cuidado de nuestro vecindario, barrio, ciudad y país.
La democracia permite que le entreguemos a los elegidos las principales responsabilidades: alcaldes, gobernadores, el Presidente, concejales, diputados o congresistas y a nivel inmediato, las acciones comunal, las juntas administradoras y la administración del conjunto o edificio.
Ejemplo de nuestra inaceptable indiferencia, que afecta gravemente la institucionalidad, fue la baja votación por la Alcaldía de Bucaramanga, de 541.239 ciudadanos con derecho y deber de votar, sólo participamos 140.373, un 27%. En resumen, el 73% de los bumangueses son indiferentes hasta para definir su propio alcalde.
Este domingo tendremos en Girón elecciones de Alcalde, una ciudad que ha tenido en sólo tres años más de seis, una de las causas de su desastre administrativo y operativo, es de esperarse que esta emergencia motive a votar masivamente y con una selección adecuada, que permita legitimidad y estabilidad a la próxima administración.
El país sufre de conflictos en todos los niveles y el año 2026, con varias elecciones, será la oportunidad de elegir buenos alcaldes en las elecciones atípicas, un Congreso capaz de dar respuestas a los problemas del país, con personas honestas y que hayan demostrado ya buenas actuaciones y criterios, igualmente para las presidenciales aún hay tiempo de pensar un voto serio y orientado fundamentalmente al futuro del país. No puede ser buen candidato si no se es buen ciudadano.
