El triunfo de la muerte

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Con sentido artístico, Ricardo Silva Romero ha titulado ‘Mural’ el libro en el que reconstruye su visión de la toma y retoma del Palacio de Justicia, del 6 y 7 de noviembre de 1985. Aborda uno de los hechos más dolorosos de nuestra historia y lo hace con lucidez, acudiendo a la novela y a la crónica para ofrecernos un relato que alterna épocas y escenas, atrapa al lector y evita el señalamiento personal y la intromisión en terrenos propios de la justicia.

La obra, llamada a recibir reconocimientos, es lectura obligada para quienes buscan comprender un episodio que marcó nuestra vida republicana. No pretende erigirse en versión oficial, pero es evidente el trabajo investigativo que la sostiene y se advierte el propósito de conmover con la extrema crueldad de los hechos y la desmesura que rodeó la operación, desde la irrupción del M-19 hasta la retoma.

El fanatismo de unos combatientes convencidos de estar “salvando al pueblo” terminó contagiando a quienes dirigieron la respuesta militar, hasta convertir el suceso en un momento de locura colectiva.

El autor se apoya, también, en la cercanía que tuvo desde niño con magistrados y funcionarios del Palacio, a través de su madre, abogada asistente del Consejo de Estado y destacada funcionaria en diferentes administraciones presidenciales. Esa experiencia le permitió percibir una forma de poder paralelo: de un lado, los gobiernos civiles corrigiendo sucesos oscuros para sostener la institucionalidad; del otro, una cúpula militar empeñada en una guerra frontal contra los militantes y las ideas de la izquierda.

Frente a la tesis de un golpe de Estado durante la toma, sostiene que, más que una ruptura abierta, hubo una conformidad del presidente, que optó por dejar avanzar los acontecimientos, al considerarlos asunto de supervivencia del Estado que no admitía consideraciones humanitarias. No advierte evidencias de intervención directa de Pablo Escobar en las fases de la acción armada, marcada por el desorden táctico y condenada al fracaso desde su concepción.

Ante la severidad con que se ha juzgado a generales y coroneles frente al indulto concedido al M-19, Silva Romero recuerda que en democracia las exigencias sobre la fuerza pública son mayores. Lo inaceptable, después de ese perdón, es que ahora desde la Presidencia de la República se enarbolen las banderas del M-19 y de la “guerra a muerte” emprendida por Bolívar, enviando el perverso mensaje de que la violencia es camino legítimo para resolver los problemas del país.

Sigue vigente la cruda afirmación consignada en Mural: “No hay razones para matarse, pero en Colombia sobran las ganas. Y la única manera de calmarlas es hablándolas”.

Álvaro Beltrán Pinzón

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