En diciembre de 2018 acompañé la inauguración del CAI Fluvial del Embalse Topocoro, una unidad construida por la industria Naval, Marítima y Fluvial de Cartagena, por encargo de la Gobernación de Santander, en cabeza del entonces gobernador Didier Tavera, CORSOGAMOSO y la Armada Nacional. Se trataba del único CAII fluvial de Colombia, con la función de fortalecer la seguridad en el embalse, proteger a los visitantes y a las comunidades locales, y controlar las actividades acuáticas en ese espejo de agua.
El Embalse Topocoro tiene jurisdicción en seis municipios de Santander: Girón, San Vicente de Chucurí, Zapatoca, Lebrija, Los Santos y Betulia. Pertenece a la central Hidroeléctrica Sogamoso, pero su influencia trasciende lo energético: se ha convertido en un espacio de recreación, turismo de naturaleza, pesca y deportes náuticos en la región. Su tamaño, los paisajes y su cercanía a Bucaramanga lo convierten en un activo estratégico para el desarrollo departamental.
Sin embargo, actualmente el CAI no opera como lo hizo hace unos años, por un corto tiempo, ni cumple las funciones para las cuales fue creado: vigilancia fluvial, protección al turista y respuesta ante emergencias acuáticas. La inversión, que fue millonaria y proveniente de recursos públicos, no tiene propósito alguno, mientras a su alrededor el embalse se consolida como uno de los destinos turísticos más prometedores del oriente colombiano.
Topocoro posee un alto potencial turístico y económico. Las inversiones privadas han comenzado a llegar, los emprendimientos se han activado y la oferta de servicios crece. Pero una infraestructura tan costosa y de tan alta utilidad como el CAII pierde valor si no cumple sus funciones. Este CAI fluvial no debe seguir permaneciendo sin uso. Es una pieza clave para asegurar que funcione, que la vigilancia fluvial sea efectiva, que los visitantes cuenten con protección y que la región mantenga su credibilidad como destino fiable.
Como madrina de esta unidad, nombrada en 2018, tengo claro que la responsabilidad institucional no puede quedar en promesas. Santander tiene en Topocoro un emporio turístico y natural que podría convertirse en ejemplo nacional de desarrollo sostenible. Pero para lograrlo, necesitamos garantizar la seguridad, el orden y la presencia institucional permanente. El CAI no puede seguir siendo una embarcación varada; debe volver a navegar, cumpliendo su misión de proteger la vida, el turismo y el progreso de nuestra región.
Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo. No dejemos que el CAI olvidado se convierta también en un sueño perdido, en otro “elefante blanco”.
Cecilia Reyes de León
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Es el verdadero monumento a la improvisación, a la falta de planeación y a las inversiones generadas por el capricho de un gobernador, en este caso el exgobernador DIDIER TAVERA, quien gasto mas de mil millones de pesos en adquirir este CAI BOTE que en papeles y planes soñados por el Gobernador, iria a prestar un valioso servicvcio de apoyo a la seguridad, control y manejo de la represa de TOPOCORO y coordinaria a los seis alcaldes que tienen tierras que lindan con esta maravillosa obra, pero….. nunca se previó quién lo manejaria, quién pondria los fondos para su manejo y mantenimeinto y además, no se sabia qué permisos, licencias y procesos deberian haber cumplido para que funcionara. En resumen, tenemos un “elefante blanco” y una inversión multimillonaria perdida con los escasos recursos públicos…. ¿Qué dice el actual Gobernador sobre el tema.?? Venderlo o ponerlo en funcionamiento, ese es el dilema real, pero no dejar que se pudra y luego hundirlo……